Sabrán, lectores de este blog, que evito en lo posible salir de mi cómoda y agradable casa. Trato, siempre que puedo, de hacer mis deberes que implican salir de ella en un mismo día y cuanto más rápido mejor. Por tal motivo, después de que me corté el cabello el 8 de setiembre, me dispuse a comprar una calculadora científica para mi curso de Estadística.
Abordé la línea de buses que usualmente me deja con el brazo estirado sin detenerse ante mi llamado simbólico. Con mucha alegría, me bajé del bus media hora después e ingresé a un conocido centro comercial limeño. El sitio en cuestión estaba vacío, quizá porque era miércoles. Los vendedores de ciertas tiendas se asomaban por las puertas de vidrio de éstas, bostezando o simplemente mirando alrededor con expresiones de aburrimiento infinto.
Caminé y caminé hasta llegar a la tienda por departamentos chilena Ripley. Dentro de ella el panorama era igual de desolador: casi ningún comprador. Al instante, se acercaron dos guapas señoritas preguntándome si me quería suscribir a no sé qué cosas. Les negué con un movimiento de mi cabeza, sin dejar de caminar, hasta llegar a la escalera eléctrica que me llevaría hacia el segundo piso de Ripley, donde están los electrodomésticos y todo lo concerniente a la tecnología.
Ya en la sección de Tecnología, eché un rápido vistazo a las notebooks y laptops, viendo los precios y poniendo expresión de por-qué-carajo-soy-pobre. Di una vuelta de 180 grados y busqué en las vitrinas cercanas la calculadora que buscaba. El joven que atendía dicho stand, estaba leyendo, curiosamente, el mismo periódico que la peluquera.
- ¿Puedo ayudarle en algo, señor? - dijo sin quitar la mirada del periódico.
- Ehmmm sí, ¿podría mostrarme esta calculadora Casio?- respondí señalando una de esas máquinas para ociosos.
- Está bien un momento.
¿Un momento? ¿Un momento dijo? El tipo se demoró más de 10 minutos para encontrar la llave correcta de la vitrina en la que se encontraban las calculadoras. Pensé que el martirio había terminado ahí pero... ¡el vendedor no sabía cómo hacer la boleta! Me imprimió unos papelitos rojo y azul diciéndome que vaya a la caja para cancelar el monto de la calculadora y que luego de haber hecho eso, vuelva a su stand... ¡LA CONDENADA CAJA SE ENCONTRABA EN EL PRIMER PISO!
De mal humor y con esos papeles inservibles en mano, bajé al primer piso. Solo había una cajera, que tenía muy mal carácter.
- ¿Vas a cancelar? - preguntó casi gritándome.
- Sí. - repliqué dándole los papeles esos.
- Son 29 soles con 90 céntimos.
- Ya.
Presuroso y con el voucher en mi poder, volví a la sección de Tecnología. Contento le entregué el voucher al vendedor inepto, pero ... aún no podía tener entre mis manos a la calculadora. El tipo llamó por celular a no sé quién para preguntarle si debía quedarse con el voucher o no, si debía darme papeles verdes, amarillos, rojos o azules... otro infierno. Esperé 10 minutos más y por fin me dio mi calculadora. Perdone por los inconvenientes, dijo sonriéndome.
A veces me pregunto por qué soy tan paciente.

Abordé la línea de buses que usualmente me deja con el brazo estirado sin detenerse ante mi llamado simbólico. Con mucha alegría, me bajé del bus media hora después e ingresé a un conocido centro comercial limeño. El sitio en cuestión estaba vacío, quizá porque era miércoles. Los vendedores de ciertas tiendas se asomaban por las puertas de vidrio de éstas, bostezando o simplemente mirando alrededor con expresiones de aburrimiento infinto.
Caminé y caminé hasta llegar a la tienda por departamentos chilena Ripley. Dentro de ella el panorama era igual de desolador: casi ningún comprador. Al instante, se acercaron dos guapas señoritas preguntándome si me quería suscribir a no sé qué cosas. Les negué con un movimiento de mi cabeza, sin dejar de caminar, hasta llegar a la escalera eléctrica que me llevaría hacia el segundo piso de Ripley, donde están los electrodomésticos y todo lo concerniente a la tecnología.
Ya en la sección de Tecnología, eché un rápido vistazo a las notebooks y laptops, viendo los precios y poniendo expresión de por-qué-carajo-soy-pobre. Di una vuelta de 180 grados y busqué en las vitrinas cercanas la calculadora que buscaba. El joven que atendía dicho stand, estaba leyendo, curiosamente, el mismo periódico que la peluquera.
- ¿Puedo ayudarle en algo, señor? - dijo sin quitar la mirada del periódico.
- Ehmmm sí, ¿podría mostrarme esta calculadora Casio?- respondí señalando una de esas máquinas para ociosos.
- Está bien un momento.
¿Un momento? ¿Un momento dijo? El tipo se demoró más de 10 minutos para encontrar la llave correcta de la vitrina en la que se encontraban las calculadoras. Pensé que el martirio había terminado ahí pero... ¡el vendedor no sabía cómo hacer la boleta! Me imprimió unos papelitos rojo y azul diciéndome que vaya a la caja para cancelar el monto de la calculadora y que luego de haber hecho eso, vuelva a su stand... ¡LA CONDENADA CAJA SE ENCONTRABA EN EL PRIMER PISO!
De mal humor y con esos papeles inservibles en mano, bajé al primer piso. Solo había una cajera, que tenía muy mal carácter.
- ¿Vas a cancelar? - preguntó casi gritándome.
- Sí. - repliqué dándole los papeles esos.
- Son 29 soles con 90 céntimos.
- Ya.
Presuroso y con el voucher en mi poder, volví a la sección de Tecnología. Contento le entregué el voucher al vendedor inepto, pero ... aún no podía tener entre mis manos a la calculadora. El tipo llamó por celular a no sé quién para preguntarle si debía quedarse con el voucher o no, si debía darme papeles verdes, amarillos, rojos o azules... otro infierno. Esperé 10 minutos más y por fin me dio mi calculadora. Perdone por los inconvenientes, dijo sonriéndome.
A veces me pregunto por qué soy tan paciente.


asu que tortura, que ineptos
ResponderEliminarPues sí. Ni más voy a ese Ripley.
ResponderEliminarPaciente?
ResponderEliminarUna vez que fuimos a comprar polos de 15 soles xD entre otras cosas para mí, no aguantaste hacer la cola de tres personas y me sacaste de la tienda... y tambien fue en ripley xD
:S jajaj pobre! facil el vendedor era nuevo y no sabia todo el procedimiento que se debia hacer pues ,ademas ni que subieras y bajaras a pie por algo estan las escaleras electricas mejor hubieras ido a hiraoka! x3 y a diferencia tuya yo odio estar en mi casa :S
ResponderEliminarEdch esa calculadora la compras en cualquier tienda a 20 soles. Vas pagas y te la dan, porque te fuiste hasta Ripley? jajajaja.
ResponderEliminarQuería darme una vuelta por un centro comercial, déjame pues xD
ResponderEliminarEse tipo de situaciones son bastante lamentables, no eres el único que ha pasado por lo mismo. Saludos. =D
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