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12 de noviembre de 2010

Un nuevo motivo para cortarme el cabello

Ella aguarda pasiblemente sentada en una oxidada silla de metal reforzada con plástico, la aparición de algún caballero o dama aquejumbrado por sus cabellos. Luce un mandil blanco, un pantalón gris pegado al tiempo que adorna su frondosa cabellera con un gancho morado. Sus ojos vivaces parecían perderse en el infinito cuando notaron mi presencia anaranjada.

- ¿Desea cortarse el cabello? - preguntó al vacío sin inmutarse.

- Sí por favor - respondo al tiempo que me siento en la silla ocupada segundos antes por ella-. Bájele el volumen y después lo corta.

Ella asiente al oír mis palabras. Rebusca en un viejo mueble blanco sus herramientas de trabajo, mientras intento mirarle el trasero. No se dio cuenta, o tal vez no quise darme cuenta que se dio cuenta. Tomó mis cabellos con su mano izquierda y, con la derecha, ayudada por una tijera que aparentaba ser nueva, empezó a rebajarme el volumen.

Observo su rostro impoluto que esconde sentimientos de desagrado tal vez. Sus cejas artificiales me llaman la atención, pero lo que más deseo es encontrar su trasero en algún espejo retrovisor.


- ¿Hace cuánto que trabajas acá? - pregunto para matar la tensión.

- Mmmm - murmuró-. Tres meses recién, ¿por qué? ¿viene seguido acá?

- La verdad no. Casi siempre me confundo de peluquería y acabo en una a la que nunca fui antes. Parece ser que otra vez me ha sucedido porque la última vez que me corté el cabello fue hace 2 meses y no recuerdo haberte visto.

Ríe. Al fin logré descubrir que la seriedad que intentaba exponer ante todos era solo una fría capa para no mostrarse tal cual era. Esperé el momento oportuno para seguir conversando con ella.

- ¿Cómo te llamas?

- Melissa. Y tengo 22 años por si esa era tu otra pregunta - vuelve a reír.

- Oh... ya me dejaste sin preguntas.

- ¿Entonces puedo preguntarte algo?

- Ya.

- ¿Te rebajo esas patillas?

Ahora me veo reír en el espejo.

- Ok. Pero no mucho, Melissa. Y me llamo Edwin por si esa era tu otra pregunta.

Ríe con más fuerza y durante varios segundos más que las veces anteriores.

- Bueno, Edwin, ¿Así está bien o te lo corto más?

- Así está bien, gracias.

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Me levanto de la silla y trato de peinar a mis ahora cortos cabellos. Recojo mi mochila y mi casaca, disponiéndome a salir del local. Sin embargo, antes observo detenidamente a Melissa. Tiene unos ojos hermosos.

- Son 5 soles.- me dijo sonriéndome. Carajo, había olvidado que debía pagar-.

- ¡Oh, verdad!

Saco la cantidad requerida por Melissa de mi billetera que compré en una feria de Ica.

- ¿Nos vemos en dos meses entonces, Melissa?

- Si tú quieres ven antes - dijo coquetamente, mientras barría mis cabellos.

4 opiniones:

  1. seee ganoon!!!!

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  2. jajaja al final llegaste a verle el trasero???. Buen relato. Tienes que contar si o si la tercera parte.

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