11

19 de noviembre de 2011

Viajes de Edch: Moya (Parte II)

"Ya va empezar la fiesta joven, ¿quiere participar en ella? Tenga este látigo".

Fueron las palabras de Mateo, un moyano de 40 años. Su intención no era invitarme a alguna bacanal precaminosa como algún pervertido lector habrá pensado ni bien leída la primera línea de esta entrada, no señor: quería que participase en una actividad antes de las yunzas respectivas; dicha actividad consistía en rodear con un látigo el cuello de cualquier  fémina desprevenida presente en la plaza con el objetivo de llevarla hasta la única tienda de dicho lugar y obligarla a comprar una caja de cerveza, que luego sería repartidas en las mencionadas yunzas. Pese a lo tentador que sonaba participar de dicha actividad (¡amarrar mujeres!) decidí ir al famoso río turquesa del mismo nombre del pueblo, bueno, "decidí" no es tan preciso, mis compañeros prácticamente me obligaron a hacerlo. Tras una caminata de quince minutos cuando menos por una trocha llena de plantas espinosas y piedras que mentían sobre su estabilidad, nos topamos con el río Moya.

Primeras actividades de la fiesta.

"¿No vas a entrar, Edwin? Mira que el agua está rica!!!" me dijo una compañera mexicana. Me excusé diciendo que no había llevado ropa de baño conmigo... ¿ya les dije que no sé nadar ni me llama la atención aprender a hacerlo? Opté por sentarme cerca al río cual vieja gorda en playa, no sin antes embadurnarme con bloqueador solar. Observé a mi alrededor, cerré mis ojos y suspiré larga y profusamente: qué tranquilidad sentí en esos momentos, como si el aire seco llenara los vacíos de mi alma o como si el trajín del viaje se desvaneciera con cada suspiro. Nos quedamos en el río alrededor de 1 hora, la mayoría descansando y/o tomando sol. Diana, una de mis compañeras, peruana ella, me preguntó a qué hora íbamos a almorzar pues ya sentía un hambre que la haría "capaz de comerse un burro". Le sonreí y saqué rápidamente mi celular de mi bolsillo. Ya eran las 2pm. 

Cansados y hambrientos - al menos yo me sentía así -, regresamos a la plaza del pueblo. "Sigan a esos músicos" nos dijo el profesor pues sabía que aquellos se dirigían al almuerzo ofrecido por los padrinos de la festividad en una cooperativa. Una vez en el local nos sentamos a una mesa de plástico blanca y esperamos tranquilos que nos atendieran. Un par de señores traían varios tazones de sopa menestrón y como segundo asado de res. Terminamos rápida pero gustosamente, al tiempo que charlamos acerca de la historia de Moya y de famosos antropólogos como Fuenzalida o Favre que estudiaron las costumbres de sus pobladores varias décadas atrás. ¡Ah sí! Olvidé mencionar en la anterior entrada que una amiga del profesor nos prestó alojamiento en su casa, así que comodidades no nos faltaron: colchonetas, frazadas... todo bien. Por ello, resultó tentador no darse una siestecita post almuerzo en la vivienda de doña Josefina.

El hermoso río Moya.

Siempre soy el primero en levantarme y en ese momento no fue la excepción, bueno, quién no se levantaría si las bandas ya habían comenzado a tocar más seguido y con más ímpetu que en horas anteriores. Traté de no hacer mucho ruido para no despertar a mis compañeros, pero fue en vano pues ellos también se habían despertado y se unieron en mi empresa de salir a ver qué sucedía en la plaza. Como ya eran las 6 de la tarde, la plaza lucía llena de gente, entre lugareños y familiares aficandos en Lima o Huancayo, quienes no dudaban en alcanzarte una botella de cerveza como una invitación a celebrar junto a ellos. Así es que me uní a un par de rondas, bailando alegremente las canciones que las bandas tocaban, conversando con las señoras próximas a mí sobre Moya, sus costumbres, sus mitos, del porqué es tan milagroso San Miguel... me sentía más antropólogo que nunca.

Las horas fueron pasando y los bailes se hacían más prolongados, ya la cerveza cundía por todas partes y dos de los tres árboles cayeron, generando una alegría desbordante entre los presentes por recoger los regalos. La noche hace rato que había caído, dando paso a las estrellas en los cielos y a la embriaguez en los cuerpos. Siendo aproximadamente las 3 de la mañana, decidimos irnos a dormir, pues al día siguiente nos esperaban más caminatas bajo el sol y debíamos despertarnos, por tanto, lo más temprano posible.

Yunza y felicidad.

11 opiniones:

  1. No hay nada como los paisajes de la sierra... se puede sentir la tranquilidad, bueno, aunque la fecha que estuviste no fue la apropiada para la "tranquilidad"... vamos Edwin, llevarse una fémina con un látigo estaba tentador... pero lo ideal hubiera sido comprar las chelas y tomarlas con ella jejeje.
    Lindos momentos, la gente generosa, te invita a comer y todo... extraño un viajecito.
    Pd.- aprende a nadar
    Pd2- supongo que hay una tercer parte

    ResponderEliminar
  2. Yo que tú, me pegaba la borrachera del año.

    ResponderEliminar
  3. Eduardo: Sí, fue muy plancetero el viaje, de hecho volveré el otro año. Ah y claro que habrá tercera parte, aún falta lo mejor :)

    Oscar: Quizá no haya sido la del año, pero sí que tuve una buena borrachera allá, aún falta relatar los eventos del día viernes ;)

    ¡Gracias por sus comentarios!

    ResponderEliminar
  4. solo una vez fui a una yunza, era chibolo y la pase super bien, aunque no cogi ningun regalo :( jeje. saludos

    ResponderEliminar
  5. Que rio tan limpio carajo!
    Las fiestras patronales son un caso :) ademas se gasta un monton, son bravos los provincianos

    ResponderEliminar
  6. Leía esta entrada mientras escuchaba música hindú…y no sabes, le cayó a pelo :)

    Pdta: No sabes nadar? Ya tamos iguales :(

    ResponderEliminar
  7. Ludobit: La primera yunza que recuerda fue a la que asistí junto con mis padres en un club cercano a mi casa que ahora ya no existe. Recuerdo haber cogido una jarra de plástico naranja. :D

    Maxwell: Un río hermoso, no tienes idea, sin embargo, solo llegué a sumergir mis pies. Y sí, tienes razón, en las fiestas patronales se gasta harto dinero, pues cada comunero colabora no solo con el afán de compartir, sino también de mantener el status o ganárselo

    Paty: Música hindú, mira tú, patitú (jajaja, ya estoy volando :P). Interesante, hey, si te conoces algún grupo folk rock hindú me avisas, he buscado sin éxito. Nos metemos a las clases de natación de la universidad? Tú dirás :P

    ¡Gracias por teclear por aquí!

    ResponderEliminar
  8. como vieja gorda jajaja
    oye y el rio, waooo que limpiecito :O

    ResponderEliminar
  9. Tengo una amiga antropóloga que a veces me cuenta historias así. Y después siempre tengo la sensación de conocer muy poco el Perú.

    ResponderEliminar
  10. Estaba escuchando la música de Mohhabattein. Así nomás no escucho música hindú, lo mío es la salsa romántica y las baladas xD pero en caso sepa de algo te aviso.

    Sobre la natación..mientras no se cruce con mi horario de trabajo :/ ya pué :P

    ResponderEliminar
  11. Damian: Sí pues, con mi cara de aburrido incluida. Y el río muy limpio ah, su color turquesa era impresionante.

    Arion: El Perú es un país maravilloso, lamentablemente la mayor parte de su gente solo conoce su ciudad y no salen física ni mentalmente de ella.

    Paty: Ehm, no me gusta ni la salsa ni las baladas, de cualquier manera, en la otra entrada haré una nueva edición de Trances Musicales, a ver si te gusta :D

    ResponderEliminar

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...